La anciana que el infierno vomitó.
Tomaba de mi cerveza tranquilamente cuando llego un tipo de esos, que a simple vista reflejan su miserable vida irreparable, justamente cuando mi amigo iniciaba una plática de provecho, el drogadicto interrumpe amenazandome alegando que viene de parte de una señora, a la cual le ha dado por creerse dueña del bar.
Las personas que asisten al lugar la conocen, por eso, en las supuestas horas laborables de la doña la clientela es diminuta, ya que se la pasa molestando a la clientela.
De hecho es lo único que hace y me cuentan que no es dueña ni de una caja de cervezas; como les contaba la ogresa cincuentona cumplió su amenaza, ella y sus años eran la ridiculez máxima, como niña boba trataba de golpearme, cosa que no consiguió; su par de barberos intentarón abrirle paso hacia mi y mejor opté por retirarme, ya que me parecia todo esto pleito de vecindad.
La abuela, tan feamente pintada, como si fuese payaso de circo, por tanto maquillaje, me gritaba: "me faltaste al respeto", mientras me señalaba con su dedo asqueroso.
Lo que no sabe la doñita es que a mi ni me preocupa el no ir a "su" bar, como ella le llama, afortunadamente tapizada de congales nuestra tierra ya está.
Quienes creen en dios y miran a esta persona, dirían que el mismo infierno la vomitó.
Las personas que asisten al lugar la conocen, por eso, en las supuestas horas laborables de la doña la clientela es diminuta, ya que se la pasa molestando a la clientela.
De hecho es lo único que hace y me cuentan que no es dueña ni de una caja de cervezas; como les contaba la ogresa cincuentona cumplió su amenaza, ella y sus años eran la ridiculez máxima, como niña boba trataba de golpearme, cosa que no consiguió; su par de barberos intentarón abrirle paso hacia mi y mejor opté por retirarme, ya que me parecia todo esto pleito de vecindad.
La abuela, tan feamente pintada, como si fuese payaso de circo, por tanto maquillaje, me gritaba: "me faltaste al respeto", mientras me señalaba con su dedo asqueroso.
Lo que no sabe la doñita es que a mi ni me preocupa el no ir a "su" bar, como ella le llama, afortunadamente tapizada de congales nuestra tierra ya está.
Quienes creen en dios y miran a esta persona, dirían que el mismo infierno la vomitó.
